Cuantas veces no hemos oído esta cuestión: el buen orador, ¿nace o se hace? Hay muchas personas que creen firmemente en que el “buen orador nace, no se hace”. De hecho, la afirmación se convierte en su excusa para evitar enfrentarse a hablar en público: “yo no nací para esto”, “hay otros que lo hacen mejor de manera natural”.

Es verdad que hay personas que genéticamente han nacido dotadas de una serie de habilidades que les facilitan la labor de hablar en público. Nos referimos a aquellos que lo hacen bien de manera natural. El buen orador capta la atención de la audiencia en cualquier ámbito de la vida, en una cena de amigos, en el partido de pádel, en una reunión de trabajo e incluso en una intervención en una convención.

A los buenos oradores se les nota que disfrutan con la atención del público y que, por ende, hacen disfrutar a los demás con sus aportaciones. Incluso hay alguno que no necesita ni prepararse lo que va a decir con anterioridad, si no que improvisa sobre la marcha y es felicitado por su intervención. Pero este tipo de perfiles no son muy frecuentes, los encontramos en todas las organizaciones, pero, no son la mayoría.

Entonces, ¿qué hacemos el resto de los profesionales que no hemos nacido dotados de estas habilidades? La respuesta es clara, formarnos y practicar mucho.

El primer obstáculo para vencer es la creencia limitante tan extendida de pensar que, si no he nacido dotado para hablar en público, mejor no lo hago. Una vez salvada esta barrera, tenemos que buscar metodología que nos ayude a progresar. Es importante que alguien experto en comunicación y oratoria en público te de bases en las que apoyarte y que te facilite un método con el que trabajar. Esta formación la puedes realizar con un grupo o de manera individual, pero es el punto de partida para lograr una transformación en tus habilidades de oratoria.

Esta capacitación para ser un buen orador debe cubrir todos los ámbitos incluidos en una presentación/discurso:

  • La elaboración del contenido
  • El estudio de la audiencia
  • El uso o no uso de diapositivas
  • La utilización de gestos para reforzar los mensajes
  • Cómo moverse en la sala
  • Cómo captar la atención gracias a la voz
  • Cómo hacer todo esto tanto en presencial como en virtual

Una vez que ya tienes la base teórica, aunque en el entrenamiento realizarás simuladores, serán bajo la supervisión del formador experto. A partir de ese momento, debes practicar mucho por tu cuenta. Aprovecha cualquier oportunidad que tengas para realizar presentaciones en público.

En el ámbito profesional, preséntate voluntario para realizar presentaciones siempre que se pueda, habla con tu mánager y plantéale que estás desarrollando tus habilidades de oratoria y que te incluya en cualquier evento que pueda serte de utilidad para practicar. Pero, recuerda que fuera de la empresa también puedes practicar. En el ámbito personal pueden surgir momentos para hablar en público: desde quedadas con amigos a comidas familiares, pasando por discursos en bodas u otros eventos. No pierdas ninguna ocasión que te ayude en el desarrollo de estas habilidades, ten presente que se aprende haciendo, siempre que lo que estés realizando esté respaldado por una metodología.

Por lo tanto, si no eres de los que tiene habilidades de oratoria por nacimiento, te sugerimos que te formes y practiques porque lograrás ser un orador tan bueno como los que nacieron para ello.

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