¿Tienes algún colega con el que has tenido una relación profesional tensa últimamente? Si, por casualidad, eres uno de esos héroes anónimos que ha contestado que no a esta pregunta, al menos tendrás a alguien con el que quieras mejorar tu relación. Si es así, por favor, hazte las siguientes preguntas:
- ¿Miras a esa persona tal como es ahora o como lo recuerdas la semana pasada, mes o año?
- Cuando conversas con el/ella ¿estás pensando en cómo cambiar su mentalidad? ¿Y la tuya?
- Cuando ves un email en tu bandeja de entrada con el nombre de esa persona, ¿te haces ya una idea de lo que vas a encontrar antes de leerlo?
Está claro que estos temas tienen más que ver con el corazón que con la cabeza. Si nos ceñimos a lo que está pasando, sin prejuicios, y nos centramos en lo que hay que hacer de manera más consciente, manejaríamos mucho mejor nuestras relaciones y su contexto. Esto alude al término anglosajón “mindfulness”.
Mindfulness se está convirtiendo en una de las palabras más escuchadas últimamente en nuestra sociedad. A muchos le sonará a chino mientras que otros rápidamente lo asociarán a las prácticas de “meditación consciente” que ellos mismos o gente de su entorno practican a diario. La palabra mindfulness no tiene una traducción exacta al español. Por este motivo se utiliza la palabra inglesa. No obstante, podría traducirse como atención plena. Implica centrarse en el momento presente de una manera activa, siendo conscientes de la experiencia que estamos viviendo dentro o fuera de nosotros, tal y como es, sin pretender controlarla, ya sea un pensamiento, una emoción, un recuerdo, las palabras de otra persona, etc. Se trata de permanecer en una situación sintiendo y observando lo que sucede, sin juzgar ni intervenir. Esto permite que lo que tiene que suceder, suceda de un modo completo, sintiéndolo hasta el final. Los sicólogos mantienen que mindfulness supone aceptar la vida tal y como es en el momento presente, tanto en sus alegrías como en sus dificultades y dejar de esperar o luchar para que todo sea maravilloso (ausencia total de sufrimiento en nuestras vidas). Esta actitud lleva a que haya menos síntomas, mayor felicidad y una sensación más profunda de conexión con el mundo y los demás, así como un mayor control de la propia mente.
Lo contrario de mindfulness es dejarse llevar por la costumbre, por lo hábitos adquiridos sin cuestionárselos. Es decir, actuar y pensar con el piloto automático activado permanentemente. Funcionar sin prejuicios y con consciencia de lo que hacemos y por qué nos hace ser menos impulsivos, nos lleva a barajar más opciones y alternativas y, por lo tanto, tomar mejores decisiones. Todo esto redunda en nuestro desarrollo como profesionales.
Prueba a observar tu entorno en busca de algo nuevo o que te llame la atención; por ejemplo, trata de saborear el café que te estás tomando, sentir tu propio peso en la silla o si tienes que acudir a una reunión intenta ir por otro camino o, mejor, procura estar sin intervenir 10 minutos para escuchar a los demás (a no ser que tu jefe te pregunte).
Si bien estos pueden ser pequeños ejercicios para practicar mindfulnes, a continuación, te proponemos algunas técnicas para mejorar tu relación con ese colega que mencionábamos al principio.
- Mira a tu colega tal y como es hoy, no como lo recuerdas desde hace tiempo.
Desde el momento en que trabajamos con alguien durante meses o años, desarrollamos una serie de ideas preconcebidas acerca de lo que dirá o terminará haciendo. Así que, a modo de experimento, prueba a mirarle diferente, como si fuese nuevo en la oficina. Intenta observar como viene vestido hoy, su tono de voz, o su lenguaje no verbal. ¿Crees que te comunica lo mismo de siempre o hay algo diferente que no habías notado?
- Observa si la conversación ha cambiado tu forma de pensar.
Después de charlar con tu colega, ¿has sentido algún cambio de percepción? Si no has notado cambio alguno, esto significa que no has encontrado nada nuevo o que simplemente has corroborado lo que ya pensabas de él. No pierdas de vista que esto no significa que estás equivocado sino, más bien, que tal vez no estabas lo suficientemente abierto a dejarte influenciar por información nueva. Parte de hacerse “mindfull” es abrirse a nuevas impresiones sobre los demás.
- Piensa en qué es lo primero que se te viene a la cabeza cuando ves el nombre de esa persona en el encabezado de un email.
Todos tenemos una imagen (una instantánea) asociada a cada persona con la que solemos relacionarnos. Esa imagen se activa tan pronto vemos su nombre en un email o en la pantalla del móvil. Si bien esto es una función normal para nuestro cerebro, en el caso que nos ocupa, tiene un impacto potencialmente adverso cuando esa imagen nos conduce a interpretaciones negativas de la realidad. Trata de renovar esa imagen para modificar tu predisposición negativa.
- Busca nueva información y confirma la que tienes.
Considerando que somos seres humanos, sabemos que algunas personas no nos caen bien desde el principio, nos provocan rechazo. Mindfulnes nos brinda la oportunidad de intervenir estas sensaciones negativas (sin motivo aparente). Si nos esforzamos un poco y buscamos algo apreciable en esa persona, algo que hace bien en la organización, algo que hace como nadie, y nos centramos en eso tal vez podamos alterar esa impresión tan negativa que almacenamos.
¿Va a cambiar tu vida si llevas a cabo todos estos experimentos? Puede que no. Pero desarrollar este sentido de ponderar más el presente frente al pasado te ayudará a ganar perspectiva y entender mejor el contexto en el que suceden las cosas. Recuerda que el objetivo del mindfulness es ganar consciencia para mejorar la calidad de nuestra manera de pensar, nuestras reacciones y cómo tomamos las decisiones. Mindfulness nos ayuda a poner el contador a cero y centrarnos en lo que verdaderamente importa.
