liderar desde lo alto… sin perder de vista el suelo

Hay una verdad que recorre silenciosamente los pasillos de muchas organizaciones, una de esas frases que se dicen poco en voz alta pero que todos intuyen: “Lo que hace la dirección pesa más que lo que dice.”

Es decir, se lidera desde el ejemplo… o no se lidera. Y sin embargo, cuando hablamos de desarrollar habilidades de liderazgo, hay una tendencia curiosa: el entusiasmo suele decaer proporcionalmente al escalón jerárquico. Cuanto más arriba, más difícil resulta que los líderes se involucren en procesos de desarrollo. Algunos porque ya «lo han visto todo», otros porque no tienen tiempo y unos pocos porque creen que ya están desarrollados.

¿Por qué importa tanto el liderazgo desde la cima?

Porque la cultura organizacional se modela a partir de lo que hacen (y dejan de hacer) sus líderes visibles. Edgar Schein, uno de los padres del concepto moderno de cultura organizacional, ya lo decía claro:

La única cosa verdaderamente importante que hacen los líderes es crear y gestionar la cultura.”

Y no se gestiona cultura con carteles sobre los valores de la empresa ni con frases inspiradoras en el email de Navidad. Se gestiona con comportamientos coherentes y cotidianos. Con decisiones difíciles, tomadas con ética. Con conversaciones incómodas, conducidas con respeto. Con la voluntad explícita de hacer bien las cosas… y hacerlas por el bien común del proyecto, no solo por el KPI del trimestre.

¿Qué se necesita para aumentar la relevancia del liderazgo en la alta dirección?

Aquí van algunas claves prácticas, no exentas de ironía, pero con base real y contrastada:

  1. Reentender el desarrollo como una inversión, no como una penitencia

Muchas veces, los programas de desarrollo directivo se perciben como algo que “hay que hacer” para cumplir con la agenda de Recursos Humanos. Como si se tratara de una vacuna obligatoria antes de cerrar el plan estratégico.

Nada más lejos de lo eficaz. El desarrollo auténtico tiene que dejar de ser un trámite y convertirse en una palanca estratégica. Según McKinsey (2023), las organizaciones donde los líderes aprenden continuamente y actualizan sus capacidades tienen 3,5 veces más probabilidad de superar a sus competidores en métricas clave de rendimiento.

Ahora bien, esto exige que la alta dirección no sólo patrocine los programas, sino que participe activamente en ellos. Porque nada transmite menos credibilidad que un CEO que habla de “líderes inspiradores” y luego no participe en ningún programa.

  1. Promover el liderazgo como ejercicio de humildad (y no de omnipotencia)

Una de las grandes paradojas del liderazgo actual es que cuanto más alto se llega, más difícil parece aceptar que hay cosas que no se saben. Y sin embargo, uno de los factores más valorados en los líderes hoy es la humildad intelectual.

Jim Collins, en su ya clásico Good to Great, identificó que los líderes que llevan a sus compañías a la excelencia sostenida comparten una combinación de ambición por el proyecto y humildad personal. Es decir, no necesitan demostrar todo el tiempo lo mucho que saben… sino que se rodean de personas que les ayuden a aprender más.

En resumen: menos ego, más escucha.

  1. Medir lo invisible: cómo poner en valor lo que no cabe en un Excel

Uno de los mayores desafíos para que la alta dirección se comprometa con el desarrollo del liderazgo es la dificultad de medir su impacto. Porque claro, una sesión de feedback constructivo no genera ingresos directos. Pero una mala conversación de un líder mal preparado… puede costar mucho.

Aquí entra en juego el arte de traducir comportamientos en indicadores relevantes. Compromiso, retención de talento clave, clima emocional, innovación, etc. Todos estos aspectos están íntimamente ligados al liderazgo. Según un estudio del Center for Creative Leadership, el 75% de las personas que abandonan una empresa lo hacen por el jefe directo, no por el trabajo en sí.

¿Quieres resultados tangibles? Entonces invierte en lo intangible: conversaciones de calidad, toma de decisiones ética, reconocimiento auténtico, liderazgo colaborativo, comunicación de alto impacto.

  1. Crear una narrativa colectiva: el liderazgo no es individualismo brillante, es coherencia compartida

Es hora de desterrar la figura del líder mesiánico que todo lo puede, todo lo sabe y todo lo arrastra. El liderazgo de hoy es más coral que solista.

Harvard Business Review ya advertía en su artículo The Best Leaders are Constant Learners (2021): las organizaciones más resilientes son aquellas donde el liderazgo se distribuye, se entrena y se contagia. Y eso empieza arriba.

Por eso es fundamental que la alta dirección se vea (y se muestre) como parte del sistema, no como una élite aislada. ¿Quieres cambiar la cultura? Empieza por contar qué aprendiste en el último error. Y sí, que se enteren todos.

  1. Ser el ejemplo.

Nada mata más rápido la credibilidad de un plan de transformación cultural que el clásico: “Esto es muy importante, pero yo no puedo asistir.” (Traducido: Hacerlo vosotros porque yo tengo cosas muy serias que atender).

Liderar con el ejemplo no es asistir una vez a un taller para la foto del newsletter interno. Es comprometerse con el cambio día a día, incluso cuando nadie está mirando. Especialmente cuando nadie está mirando. Como dice Brené Brown: La claridad es amabilidad.” Y yo añadiría: la coherencia, también.

Reflexión final: el poder del espejo

Los líderes que exigen integridad, transparencia y compromiso de sus equipos deben ser los primeros en encarnar estos valores. No se trata de hacer discursos o de ser querido; el liderazgo se define por los resultados, no por los atributos. Las acciones hablan más que las palabras.

En un mundo cada vez más interconectado y consciente, el liderazgo responsable y ético se ha convertido en un imperativo. Los líderes que priorizan el bien común por encima de los intereses individuales no solo generan un impacto positivo en la sociedad, sino que también construyen organizaciones más resilientes y sostenibles.

El liderazgo no empieza en el discurso, sino en el espejo. La pregunta no es si tu equipo está desarrollando competencias. La pregunta es si tú lo estás haciendo.
¿Te escuchan porque tienen que… o porque quieren?
¿Inspiras porque predicas… o porque practicas?

En resumen, el desarrollo de habilidades de liderazgo, el liderazgo desde el ejemplo y el compromiso con el bien común no son tendencias pasajeras, sino pilares fundamentales para el éxito empresarial a largo plazo. Es hora de que los líderes dejen de lado la arrogancia y abracen la humildad, la empatía y la responsabilidad. Solo entonces podremos construir organizaciones donde el liderazgo sea sinónimo de servicio y excelencia.

El desarrollo de habilidades de liderazgo desde la cima no es una opción estética. Es una necesidad estratégica. Porque si los de arriba no evolucionan, los de abajo se estancan. Y lo que no crece… se queda obsoleto.

Así que la próxima vez que escuches “hay que mejorar el liderazgo en esta empresa”, no mires hacia Recursos Humanos. Mírate al espejo. Y empieza por ahí.

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