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El poder del “no”

Decía Peter Drucker: «No hay nada tan inútil como hacer eficientemente lo que no debería hacerse en ningún caso”. Se desperdicia más esfuerzo haciendo cosas que no importan que haciendo cosas de forma ineficiente. Por lo tanto, saber eliminar lo superfluo es la habilidad más importante para ser eficaz. Y es que, la mejor herramienta en productividad es “decir no”.

No hacer algo siempre será más rápido que hacerlo. Recuerdo el dicho de un amigo que sabía bastante de programación informática: «no hay código más rápido que el que no existe”. La misma filosofía aplica en otros ámbitos de la vida. Por ejemplo, no hay reunión que vaya más rápida que aquella a la que no se asistes. Esto no quiere decir que debemos eludir asistir a las reuniones, pero lo cierto es que decimos que sí a muchas cosas que en realidad no queremos hacer. Se celebran muchas reuniones que no es necesario celebrar. Hay mucho código escrito que podría suprimirse.

Cuántas veces nos piden que hagamos algo y respondemos: «Claro». Tres días después, nos sentimos abrumados por la cantidad de cosas que tenemos pendientes de hacer. Nos sentimos frustrados por nuestras obligaciones, a pesar de que fuimos nosotros quienes les dijimos que sí. Merece la pena preguntarse qué cosas son necesarias. Muchas no lo son, y un simple «no» sería lo más productivo. No hay nadie que valore más el tiempo propio que uno mismo.

¿Por qué somos tan rápidos diciendo “si”?

Accedemos a muchas peticiones no porque queramos hacerlas, sino porque no queremos que nos consideren groseros, arrogantes o poco serviciales. Decir que no a nuestro compañero de trabajo, cónyuge, familiar o amigo puede ser especialmente difícil porque nos caen bien y queremos apoyarlos. Además, colaborar con los demás es un elemento importante de la vida. La idea de tensar la relación pesa más que el compromiso de nuestro tiempo y energía. Por esta razón, debemos ser amables y cordiales en nuestra respuesta. No hace falta ser un “borde”, pero si valorar nuestro tiempo y enseñar a nuestro círculo a hacerlo, de esta forma nos ahorraremos mucho malestar posterior.

Muchos no sabemos gestionar bien la disyuntiva entre el sí y el no. Nos comprometemos en exceso con cosas que no mejoran ni apoyan a quienes nos rodean y, desde luego, no mejoran nuestra propia vida. Puede que el problema sea cómo concebimos el significado del sí y del no.

Las palabras «sí» y “no», en realidad, no sólo son opuestas en significado, sino que tienen magnitudes de compromiso totalmente distintas. Cuando decimos no, sólo estamos diciendo no a una opción. Cuando decimos sí, estamos diciendo no a todas las demás opciones.

Me gusta cómo lo expresa el economista Tim Harford (autor de “El economista infiltrado”): «Cada vez que decimos sí a una petición, también estamos diciendo no a cualquier otra cosa que podríamos lograr con ese tiempo». Y es que, por si no te habías dado cuenta, tan pronto te has comprometido con algo, ya has decidido cómo vas a emplear tu tiempo en el futuro. En otras palabras, decir no te ahorra tiempo en el futuro. Decir sí te cuesta tiempo en el futuro. El no es una decisión. El sí es una responsabilidad.

A veces se considera que decir que no es un lujo que sólo pueden permitirse los que tienen poder. Y es cierto: rechazar oportunidades es más fácil cuando se puede recurrir a la red de seguridad que proporcionan el poder, el dinero o la autoridad. Pero también es verdad que decir no también es una estrategia que nos ayuda a ganar en productividad, que se traducirá en tener éxito.

Decir no es una habilidad importante que hay que desarrollar en cualquier etapa de nuestra carrera profesional porque conserva el activo más importante de nuestra vida: el tiempo. Si no proteges tu tiempo, alguien te lo robará. Decir no también puede ser complicado por el miedo a que las personas que nos importan se alejen por no poder ayudarles con su petición, pero no hay nada que genere más tranquilidad que vivir con la seguridad de que no hacemos lo que hacemos por compromiso o miedo, si no porque cuando decimos Sí, verdaderamente queremos hacerlo.

Hay que decir no a todo lo que nos aleje de nuestros objetivos. Hay que decir no a las distracciones. Nadie lideró mejor esta idea que Steve Jobs, que dijo: «La gente cree que centrarse significa decir sí a lo que tienen que centrarte. Pero no significa eso en absoluto. Significa decir no a las otras cien buenas ideas que hay. Hay que elegir con cuidado”.

¿Cómo “decir no”? Cuando nos cuesta decir no, un truco interesante es hacerse la siguiente pregunta: Si tuviera que hacer esto hoy, ¿aceptaría? Si una oportunidad es lo suficientemente emocionante como para dejar lo que estamos haciendo ahora mismo, entonces es un sí. Si no lo es, habría que pensárselo dos veces. Recuerda que es más fácil evitar los compromisos que salir de ellos. Más vale prevenir que curar.

En cualquier caso, si te sientes obligado a decir que si en demasiadas ocasiones; aprende a vivir con ello 😉

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