¿por qué te disculpas tanto en el trabajo?

Nos educaron para ser buena persona, mantener a raya nuestro ego y a estar dispuestos a pedir perdón a menudo. Cuando empezamos a desarrollarnos profesionalmente en las empresas, descubrimos que esos valores se han convertido en hábitos de trabajo. Entonces nos vemos diciendo cosas como: «siento el retraso, pero…»; «lo siento, necesitaba aclarar esto antes de avanzar…»; «lo siento mucho, pero me gustaría tener más información sobre este asunto».

En general, todos aceptan en silencio nuestras disculpas. Nadie suele decirnos que no son necesarias. Pero, de repente, un día, te das cuenta de que te disculpas hasta por cosas que escapaban totalmente a tu control. De hecho, notas que si el “automatismo” de disculparse te debilitara o pusiera a la defensiva.

Hay maneras de comunicarse con nuestros colegas, mánager y clientes sin disculparse por todo. Se trata de entender por qué nos disculpamos, cuándo hay que hacerlo y cuándo no es necesario.

Las razones por las que podemos sentir la necesidad de disculparnos son diversas, incluso cuando no es necesario:

  • Queremos caer bien.
    Los seres humanos somos una especie social y necesitamos la aceptación de los demás. De hecho, diversos estudios científicos demuestran que pedir perdón puede aumentar nuestra simpatía, aunque no seamos culpables. Pero si nos dejamos llevar por estos impulsos para mejorar nuestra popularidad en el trabajo, los resultados pueden ser perjudiciales.
  • Tenemos un falso sentimiento de culpa.
    A veces nos disculpamos porque nos sentimos culpables, aunque no tengamos motivos para ello. El umbral de lo que constituye un comportamiento ofensivo difiere entre nosotros. Por ejemplo, una persona puede disculparse por no responder a un mensaje de WhatsApp a tiempo, mientras que otra puede poner en pausa sus alertas durante horas sin pensárselo dos veces.
  • Sentimos empatía.
    Resulta bastante normal pedir perdón para expresar empatía. En un funeral, por ejemplo, «siento su pérdida» parece apropiado. En el trabajo, sin embargo, nuestra empatía por la situación de un compañero puede hacernos sentir que es necesario disculparnos, aunque no hayamos contribuido a su sufrimiento. Por ejemplo, si tu colega está bajo la presión de un cliente exigente, puedes decir algo como «siento mucho que estes teniendo una semana dura», en un intento de aliviar su presión.
  • Somos perfeccionistas.
    Cuando no cumplimos nuestras propias expectativas (a veces incluso poco razonables), podemos sentir la necesidad de disculparnos, incluso cuando los demás no se vean afectados. Por ejemplo, si no cumples tu objetivo poco realista de contestar todos los emails en menos de 24 horas, puede que sientas la necesidad de disculparte con alguien por no haberle respondido antes.
  • Lo hacemos inconscientemente.
    Cuando nos disculpamos demasiado, puede convertirse en algo habitual. Puede que ni siquiera nos demos cuenta de la frecuencia con la que nos disculpamos porque se ha convertido en algo natural para nosotros. Por ejemplo, cuando le dices a un compañero «perdona, creo que me has enviado el archivo adjunto equivocado», en realidad no te estás disculpando. A pesar de ser un error suyo, instintivamente das la sensación de que asumes la responsabilidad de su comportamiento.

Aunque es importante que cada uno se responsabilice de su comportamiento en el trabajo, disculparse en exceso puede tener un impacto negativo. Lo cierto es que, si te disculpas en exceso, parecerás más débil y menos seguro de ti mismo. Curiosamente, en realidad pareces más culpable si te disculpas que si no lo haces.

Hay situaciones por las que no deberías pedir perdón, por ejemplo:

  • Cuando te retrasas en responder a alguien sobre un asunto no urgente.
    Eres responsable de gestionar tu tiempo de forma eficaz y debes priorizar en consecuencia. Expresa tu gratitud por su comprensión, en lugar de disculparte: «necesito un par de semanas para reflexionar y ofrecerte una respuesta más meditada» o «como tenemos algo de tiempo, te respondo a finales de la próxima semana con todos los detalles».
  • Cuando buscas más información.
    Arrepentirse por pedir aclaraciones que pueden mejorar un proceso o un resultado no tiene sentido. Así, terminamos diciendo frases como “siento si estoy haciendo demasiadas preguntas, pero necesitaba aclarar…», sin embargo, debemos mostrarnos más confiados solicitando lo que necesitamos: “agradecería que me aclarares cuál es la cifra objetivo a logar antes de fin de año y qué asuntos te preocupan más para así confeccionar un mejor plan de actuación”.
  • Cuando quieras hacer un seguimiento de una solicitud.
    No hay que lamentarse de la interdependencia de nuestras funciones en la organización. Por lo tanto, si estás esperando de tu colega un análisis que hay que incluir en tu informe antes de una reunión importante, en lugar de decirle “siento mucho estar persiguiéndote, pero quería saber si voy a tener a tiempo tu análisis…», pregúntale “cuándo es un buen momento esta semana para ver las conclusiones de tu análisis antes de incorporarlo en mi informe que debo presentar a finales de esta semana».
  • Cuando tienes una perspectiva diferente.
    No hay que lamentarse por tener opiniones diferentes. En estas situaciones no hay nadie culpable y, por tanto, no hay que pedir disculpas. Cuando ofreces una disculpa prematura o ingenua, estas invalidando tu perspectiva, erosionando tu autoestima y perdiendo credibilidad.

Por supuesto, hay momentos en los que disculparse es necesario. Pedir perdón es absolutamente fundamental cuando:

  • Has cometido un error de cálculo.
  • Has herido a un compañero.
  • Has llegado tarde a una reunión.
  • Has olvidado hacer un trabajo.
  • Estabas distraído.
  • Has sido maleducado o rudo.
  • Has repetido un error en la realización de una tarea rutinaria.

¿Cómo debemos presentar una disculpa de manera apropiada?

Imagina que has perdido los nervios con un compañero porque te ha preguntado por qué llegas tarde a la reunión. Te sientes mal por haberle respondido con palabras altisonantes, de forma poco profesional, y le pides disculpas. Prueba a seguir estos pasos:

  1. Asume la responsabilidad de tus actos sin poner excusas.
    En lugar de decir: «Siento que te hayas molestado, pero esta semana estoy bajo una presión tremenda y tengo muchas preocupaciones en la cabeza». Prueba con: «Siento mucho haber herido tus sentimientos al perder los nervios».
  2. Expresa arrepentimiento por las consecuencias negativas de tus actos.
    En lugar de decir: «Cuando me preguntaste por qué llegaba tarde a la reunión me pilló desprevenido, así que respondí de manera impulsiva». Prueba con: «Lamento haberme comportado de forma poco profesional con mi arrebato».
  3. Aprende de la situación y comprométete con lo que puedes hacer de forma diferente en el futuro.
    En lugar de decir: «Apenas llegué tarde; no es para tanto». Prueba con: «Voy a trabajar para gestionar mejor mi tiempo y… mis emociones. Espero que lo entiendas».

La clave para dejar de disculparse constantemente en el trabajo está en no echarle la culpa a los demás de nuestros errores. Una disculpa sincera consiste en aceptar el error y estar dispuesto a enmendarlo y aprender para la próxima.

Asimismo, recuerda que las disculpas son poderosas cuando están justificadas y son sinceras. Si adquieres el hábito de pedir perdón, es posible que acabes disculpándote por todo, desde el mal tiempo hasta el tráfico. Es una mala costumbre que puede minar la confianza que los demás tienen en ti. Así que empieza a dar el giro hoy mismo.

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