gestión del cambio: “lo quiero todo, pero sin cambiar nada”

¡Ah!, el dulce aroma del cambio organizacional. Ese concepto que aparece en los PowerPoint con títulos como «Transformación Ágil 2024» o «Hacia la innovación disruptiva» pero que, en la práctica, parece más un desfile de buenas intenciones que una realidad tangible. Por supuesto que las empresas (y las personas que las componen) quieren adaptarse a los cambios del mercado, pero a condición de que el mercado sea quien se adapte a ellas.

¿Crees que es una exageración? Hablemos de algunos personajes y situaciones que todos hemos visto en este ‘teatro’ corporativo, donde el cambio es el protagonista, pero nadie quiere escribir el guion.

“Sabemos que debemos cambiar, pero ¿no hay una app para eso?”

Primero tenemos al clásico directivo que ha leído un artículo en LinkedIn sobre cómo “el futuro pertenece a los innovadores” y ahora cree que cambiar es fundamental. Pero, ¡ojo! Cambiar no significa que él o ella tenga que hacer algo diferente. ¡No, señor! La tarea es para «el equipo». ¿Su solución? Encargar un workshop de creatividad o un programa de liderazgo (con café y bollería gratis, por supuesto).

Y así, entre sesiones de ‘design thinking’ y ‘post-its’ de colores, todos se animan a pensar “fuera de la caja”, aunque nunca lleguen a moverla ni un centímetro. Porque al final del día, ¿quién quiere arriesgar su posición aprobando ideas radicales? Mejor dejar todo como está, pero con un aire fresco gracias a un PowerPoint que incluya palabras como ‘blockchain’ y ‘sostenibilidad’.

“La culpa es del mercado (o del equipo o del cliente)”

Otro clásico en esta obra melodramática es la tendencia a buscar culpables externos. Cuando las ventas caen o los competidores avanzan, el diagnóstico siempre es el mismo:

  • “El mercado está loco”
  • “El consumidor ya no sabe lo que quiere”
  • “El algoritmo nos odia”

Nunca es culpa del producto que lleva años sin actualizarse o del servicio al cliente que parece diseñado para espantarlos. No, claro que no. El mundo exterior es el que está equivocado. En este punto es cuando las empresas llaman a las consultoras, esperando un informe de 100 páginas que confirme lo que ya sospechan: «Todos menos nosotros están haciendo las cosas mal.»😉

El mánager iluminado (“cambiaré, pero solo un poquito y sin sudar”)

Algunos mánager, más honestos o menos tímidos, admiten que necesitan cambiar. Pero lo hacen con una leve sonrisa como si ya supieran lo que va a pasar. Son los reyes del cambio ‘light’, algo así como la versión corporativa de ir al gimnasio con una croissant relleno de chocolate en la mano: mínimo esfuerzo, resultados cuestionables.

Estos iluminados suelen decir cosas como:

  • “Necesitamos una nueva mentalidad.” Traducción: “Necesito que los demás trabajen más.”
  • “La innovación es clave.” Traducción: “Contratemos a un becario que sepa usar LinkedIn, Instagram y TikTok.”
  • “Vamos a ser más ágiles.” Traducción: “Quiero los mismos resultados en la mitad del tiempo y con los mismos recursos.”

Consultoras, las magas del cambio… pero con contrato “fijo discontinuo”.

Y aquí entra en escena nuestro papel: los consultores. Las empresas nos llaman con una mezcla de esperanza y desesperación, como quien llama al fontanero para arreglar un grifo que no han tocado desde 1995. La expectativa es clara: queremos un cambio, pero uno que no implique dolor, esfuerzo, ni muchas reuniones (bueno, salvo las que incluyan catering😜).

El problema es que, muchas veces, lo que realmente buscan no es una solución, sino una validación:

  • “Dime que lo estamos haciendo bien”
  • “Confirma que el equipo no está a mi altura”
  • “Hazme un gráfico bonito para presentar en el CoDir”

Y claro, uno podría darles lo que piden, pero entonces no habría progreso real. Así que el consultor se convierte en una especie de psicólogo organizacional, tratando de hacerles ver que cambiar no solo es posible, sino necesario. Aunque siempre habrá alguien que, al final, diga: «Esto suena genial, pero mejor lo incluimos en el presupuesto del año que viene”.

 

“Si el cambio externo es más rápido que el cambio interno, el fin está cerca”

Jack Welch

 

El cliente ideal… no existe.

Por supuesto, también hay empresas y líderes que realmente quieren cambiar. Gente valiente que reconoce sus errores, asume el precio y está dispuesta a hacer lo que sea necesario para adaptarse al futuro. Pero seamos sinceros: estos casos no son comunes.

La mayoría sigue prefiriendo maquillarse para parecer innovadores en lugar de hacer ejercicio real. Así, cuando las cosas se ponen feas, la reacción no es cambiar, sino buscar más excusas. Y, mientras tanto, el mercado sigue evolucionando, con nuevos competidores que llegan, conquistan y se llevan la tarta.

Epílogo: Cambiar es incómodo, pero es la única salida.

El cambio no es opcional. O lo haces o el mercado lo hará por ti. Pero pretender que puedes cambiar sin cambiar nada es como querer adelgazar comiendo donuts: suena delicioso, pero no funciona.

Así que, si eres líder y estás leyendo esto, toma nota: deja de mirar afuera buscando culpables y empieza a mirar adentro. Tal vez encuentres que el mayor obstáculo al cambio no es tu equipo, ni el mercado, ni el algoritmo, sino tus propias excusas.

Y si no puedes hacerlo solo, aquí estaremos, con nuestras metodologías, herramientas, vocación de servicio, experiencia, profesionalidad y, por qué no decirlo, la paciencia infinita de un terapeuta dispuesto a decirte lo que necesitas (no lo que quieres) escuchar. Pero recuerda: el cambio empieza contigo. Y, a veces, eso también implica sudar un poquito.

¿Y tú? ¿Estás listo para cambiar de verdad o sigues buscando excusas creativas? 😉

Para más información sobre nuestros programas visita esta página.

 

Arriba